La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa lejana: atraviesa nuestras aulas, oficinas y comunidades, desafiándonos a repensar cómo aprendemos, enseñamos y trabajamos. En la Universidad Dordt, profesores, estudiantes y egresados han abrazado este reto desde una perspectiva cristiana que procura el florecimiento de las personas y la verdad. Su experiencia ofrece lecciones valiosas para cualquier institución que aspire a integrar la IA de forma responsable.
1. IA en la formación docente: de la teoría a la práctica
El profesor Dave Mulder enseña tecnología educativa y coloca la IA en el centro de la discusión. Sus alumnos analizan no solo los beneficios —ahorro de tiempo, personalización— sino también las tentaciones humanas: copiar sin aprender, delegar la creatividad. Mulder mismo modela un uso ético: emplea IA para generar rúbricas en segundos, pero revisa y adapta cada criterio para que encaje con su visión pedagógica.
2. Acompañamiento continuo: la experiencia CVC
El egresado Nathan De Groot aplica estos principios en la Central Valley Christian School (California). En vez de imponer reglas desde un boletín, ofrece coaching permanente:
- Talleres docentes sobre herramientas emergentes.
- Boletines mensuales con demostraciones y alertas de riesgos.
- Grupos pequeños que prueban nuevas apps y comparten hallazgos.
El mensaje es claro: la IA debe complementar, no reemplazar, la vocación educativa.
3. Preparar a los estudiantes para un mundo productivo
Para el profesor Tom Prinsen, la IA redefine las expectativas de productividad en negocios y comunicación. Sus clases de discurso exigen estilo APA; los estudiantes usan IA para formatear referencias y liberar tiempo para ensayar la presentación. Prinsen advierte, sin embargo, que corremos el riesgo de convertirnos en meros editores de texto impersonal. Su reto a los alumnos: usar la IA como espejo crítico, no como fábrica de ideas.
4. Colaboración docente-estudiantes: investigación con propósito
En un proyecto con Toys for Tots, Prinsen invitó a sus estudiantes a proponer formas en que la IA acelerara el cálculo del valor de donaciones. El resultado fue doble: datos más precisos y jóvenes investigadores que descubren la IA como herramienta de servicio comunitario.
5. IA en la industria: lecciones desde Salesforce
El estratega Roland Osae-Oppong confirma que, en el marketing digital, la IA acelera la creación y análisis de contenido. Pero advierte dos límites:
- Ética: plagio, derechos de autor y sesgos no desaparecen; cambian de forma.
- Perspectiva humana: la IA no filtra intenciones ni valores. Alguien debe decidir qué historia se cuenta y por qué.
6. Un marco de fe para la innovación
El profesor Tim Klein dirige un grupo de trabajo que articula un marco institucional:
- La IA debe mejorar las relaciones en la comunidad.
- Su uso debe reflejar compromiso con la verdad.
- No se permite presentar como nuestro lo que produjo la IA sin reconocimiento.
El siguiente paso: desarrollo profesional y mapeo curricular para que cada asignatura enseñe competencias de IA alineadas con la cosmovisión cristiana de Dordt.

Conclusión
Dordt demuestra que la pregunta no es “¿debemos usar IA?”, sino “¿cómo la usamos para servir a Dios y al prójimo?”. Cuando la tecnología se integra con discernimiento, fortalece la creatividad, libera tiempo para el acompañamiento humano y amplía el alcance de proyectos con sentido. El reto para las universidades es adoptar la IA con cabeza y corazón, formando graduados capaces de liderar con ética y esperanza en la era digital.